No hallo otra manera de cumplir con mi propia exigencia. Al pretender escribir un texto semanal como mínimo, debo afrontar momentos como éste. La propuesta del taller es interesante, pero lo que me sugiere escribir es, al menos, inconveniente para alguien.
No encuentro temas que me muevan a relatar un cuento, entonces, sólo me queda como sustento para la escritura el debate interno entre lo pensado y lo sentido en mi actualidad, pero adolece de claridad y equilibrio. De ahí lo contradictorio que puede resultar mi discurso.
En realidad mis sentimientos y pensamientos están claros, lo que ahora están debatiendo es el curso a seguir y la forma de hacerlo. Dicho de modo vulgar, no sé bien para donde ni cuando correr. En otros tiempos no habría dado oportunidad a tantas cavilaciones, pero las viejas heridas ya cicatrizadas tienen eso, cicatrices. Y hoy, antes de tomar riesgos, me pregunto ¿cuánto tiempo insumirá una nueva herida para cerrarse? Porque no es tiempo lo que me sobra.
Entonces la verdadera batalla es entre el coraje nacido en sentimientos profundos y el temor que generan las razones que esgrimen la mente y sus recuerdos.
Entonces mi realidad se tiñe de dudas, la vacilación marca mis pasos y a veces, el arrebato me lleva al salto al vacío, a lo ignorado, en otras oportunidades es una insatisfactoria razón la que me detiene.
Ahora pienso que lo mejor es cortar este esfuerzo, hacer la plancha en el río de la vida y, en silencio, dejar que fluya y me arrastre a una orilla, la que el viento quiera elegir. Porque a veces, las contradicciones propias las resuelven otros, o la misma vida en su transcurrir. No quiero herirme, no quiero herir. Sólo busco encontrarme…