Se me hace difícil, casi imposible. No sé si será por que es domingo, o por la hora, no es buena hora una tarde dominguera para escribir lo que quiero. Más bien es hora de ver fútbol, pero hoy no hay partidos. Pero no creo que tenga que ver con eso, en realidad. Es otra la cuestión de mi dificultad, y me pregunto entonces si tendrá que ver con el ambiente, con lo que percibo con mis sentidos, puede que sea extraño a lo que tengo para expresar, algo así como querer hacer el amor en un baño público, es harto difícil, inapropiado.
Lo más curioso es que tengo la idea, no es falta de inspiración lo que me frena, pero no consigo escribir ni una letra. Tengo que concentrarme bien para encontrar que es lo que falla.
Voy a comenzar, sería bueno mirar bien donde estoy intentando escribir lo que quiero, en realidad es el sitio donde siempre escribo, la pequeña pieza que da a la ochava, la ventana abierta al patio con azaleas en flor, el pedacito de cielo. Todo eso si miro el exterior. Adentro, mi silla frente al monitor, abajo el escritorio con el teclado, los parlantes y el scanner, a la izquierda el mueblecito con la impresora, y atrás la camita para huéspedes frente al placard. Ahora le voy viendo la punta al ovillo. Aquí se pueden escribir muchas cosas, desde chistes hasta cartas de amor, cuentos, poesías, informes. Todo bien berreta, pero mío. Casi todo puede escribirse aquí, pero no lo que quiero escribir hoy. ¿Cómo escribir eso en una PC? ¡Mirando un monitor que me indica la hora, si llegó algún mail, lleno de símbolos e información que nada tiene que ver con la esencia de mi pensamiento! No, definitivamente no, tengo que cambiar de ambiente, sentirme en aquél que sea propicio para mi propósito, recrearlo desde lo profundo de los recuerdos. Cierro los ojos y voy modificando cada detalle, sólo con recordar reemplazaré todo. Quedará lo necesario, lo casi imprescindible. Aquello que fue mi sueño de pibe pobre se está haciendo realidad.
Para empezar, ahora estoy en un cuartito desde donde puedo ver la oscura calle del suburbio.
Mi cotorro, en la planta alta de una casa de pensión, tiene un balcón francés que me permite atisbar los zaguanes de la vereda de enfrente. Casualmente, en uno de ellos, entre penumbras, una pareja afila, puedo adivinar los besos y las promesas, la mano de él hurgando y la de ella parando. Lo que relojeo, es buen augurio y suficiente tema para escribir. Fin del escrachamento.
Minga de PC, scanner y otros objetos profanos, tengo un lápiz rojo en la mano y me siento en un banquito de madera, frente a una mesa de madera también. Sobre la misma, mi cuadernito de hojas casi amarillas, a mi diestra, la botella de vino y un vaso sediento. Cerquita de la zurda, un cenicero de bronce atiborrado de colillas, y un faso que languidece colgando de mis labios.
Una lamparita de cuarenta cuelga sobre mi cabeza y no hay más luz que esa. En el cuarto veo la catrera sobre la que duerme mi viola, esperándome. Siempre agradezco compañía femenina para apoliyar. Un ropero destartalado tiene abiertas sus hojas, para que la pobre ropa respire, y si una polilla se cuela, que viva feliz, entre bueyes no hay cornadas. La única decoración de las paredes consiste en un retrato de Angelito Vargas y una tapa de El Gráfico con el Racing campeón del 49. En un rincón, una palangana rantifusa donde quemo alcohol cuando el frío aprieta y al lado una pilita de la Palermo Rosa, la que me arruinó del todo. No sé si seré bohemio, pero que estoy más tirado que el perejil, póngale la firma.
Ahora sí que me siento feliz, estoy en vena, las musas llegaron y me harán el aguante hasta que culmine mi humilde obra. La que quería escribir y no podía, rodeado de tanto plástico inútil.
Por eso, sin un cobre en el bolsillo, este chabón les encaja los primeros y trasnochados versos de este tango que se resistía a nacer entre tanto espamento de maquinitas y giladas.
Ya lerda la noche atrapa la esquina,
la luna de enero se asoma al zaguán,
el taura la estruja con brazos ardientes
la piba se entrega en su dulce afán.
De pronto una sombra jadeando su encono
se acerca en silencio, artero el puñal.
un grito y el salto del herido taura
por ella poniendo el pecho al rival.
Salute chochamus, este gotán es para la barra. Domani lo termino y lo musiqueo. Este vate arrabalero se pianta al sobre, los dramas pasionales me estrolan.
Que les garúe finito, sabaleros. |