Un viento las arreó de tan leves que eran,
buscaban cielos límpidos para nublarlos
a traición,
traviesas que no avisan
hallaron el cielo
de tus ojos.
Allí gestaron sin permiso
esas lágrimas, tu garúa emotiva;
el dorso de tu mano
enjugó,
pero una, pequeña rebelde,
furtiva y perfecta
rodó,
tu mejilla, llano de piel
humedeció
y germinaron flores de sonrojo
para al fin caer,
tu cálido y tierno seno,
la lágrima,
su beso.
Leías lenta, solitaria,
el poema,
emoción primordial,
esas lágrimas gestadas
por palabras que nublan,
no hay entendimientos
ni saberes,
sólo emoción
en la hoja, tus ojos, el cielo
que llora sin querer
llorar.
Buscaste la cama, el refugio de
tu piel, ausente de piel,
las sábanas,
el hueco único en la almohada,
soledad,
tus negros cabellos, funda y encaje
de tus sueños
buscas olvido, piedad,
pero la pequeña, su recuerdo,
la hija de tus ojos,
te desvela…
Se puede morir…
de amor |