LUIS – 3-10-2009
Cómo explicarte a vos, que en buena parte me explicaste a mí.
Cómo puede uno explicar algo, siendo sólo un pedacito oxidado de una historia que no le pertenece.
Cómo explicarte que, primero Nadia y ayer vos, su hermanita, me hayan forzado a reexplicarme mis últimos cuarenta y cinco años de vida y no vida.
Cómo explicarte que por empatizar contigo, no uso los signos de interrogación que siempre usé.
Cómo explicarte que sólo como profesor o padre explico, en lo demás, rara vez puedo explicarme y siempre fracaso conmigo mismo. Lo único que hago es contar o intentar una justificación, hasta de lo injustificable. Y varios se cabrean por eso, Nadi entre ellos.
Mejor que te cuente, Angie, es lo más natural para mí y contigo quiero ser sólo natural, no quiero que vos seas otra enojada entre mis afectos.
Por ejemplo es natural en mí que, escribiendo esto, sienta lágrimas buscando emerger y que yo las deje ser sin preguntar de donde vienen.
Yo te presentí en algún escrito de Nadi, pero recién anoche te convertiste en presencia y esencia cierta. Esa foto tuya que atesoré, esa sonrisa de confianza en el porvenir que sólo una payasita y equilibrista en el delgado alambre de la vida como vos puede expresar. Y un mal día en un mal segundo por sonreír te distrajiste y caíste del alambre, y no había red, los que amamos despreciamos las redes y la lástima. Y desde ese momento fuiste puramente luz.
Tan luz que cuando Nadi mira el cielo de noche ve esa nueva estrella en el firmamento, la estrella que sólo Nadia puede ver en esa galaxia con extraña forma de corazón. Pero ayer fotografió un reflejo y me mostró la foto. Y me enamoré, naturalmente…
Si yo pudiera…, si yo pudiera algún día ser un simple asteroide, una simple roca que es lo que soy quedaría atrapada en una órbita de tu estrella, por carecer de luz propia reflejaría la tuya, parecería que puedo sonreír como Angie. Temo ser sólo un parecer, pero soy asteroide, un incidente muy menor en el concierto universal, destino de polvo estelar y marioneta del caos.
Más llegaste a mí en una muy negra noche, y la iluminaste, maga y hechicera… |