Faltan piezas
Qué idea tan loca pensar que porque uno extrañe a alguien, ese alguien tenga reciprocidad de sentimientos. Esa estúpida manía de proyectar lo que sentimos en los otros.
Así jugamos, intentando armar de una y definitiva vez ese rompecabezas en que se ha transformado nuestra vida, el juego siempre queda interrumpido cuando vemos que nos siguen faltando piezas, o que sobra tablero…
A veces intentamos buscar las figuras faltantes en el arcón de los recuerdos
¿para qué? Lo único que conseguimos es descartar aquellos recuerdos que desentonan con la imagen buscada, puro desperdicio de tiempo, porque el arcón no tiene fondo, podemos guardar en él todo tipo de banalidades, las mudas testigos de esos caminos que se nos cerraron en un momento, las autopistas del desengaño.
Es que siempre hemos intentado armar la imagen a partir de ciertas piezas fundamentales, por ejemplo: libertad, amor, esperanza, belleza y verdad. Pero el caso es que nunca hemos encontrado esas piezas al mismo tiempo, al menos una faltaba, hoy mismo alguna falta.
Por eso, es lícito soñar que alguien nos extraña con la misma intensidad que la nuestra, lo que no debemos hacer es esperar que el sueño se concrete. En realidad no deberíamos esperar nada de nadie, no como actitud negativa sino para poder disfrutar más lo que los otros nos otorguen, a pesar de esa mezquindad intrínseca que tenemos y no podemos ignorar.
Entonces extrañemos, a conciencia, extrañemos aún cuando al otro poco le importemos, sin pensar mal, sin cargar tintas, que ya bastante tiene esa persona con la desdicha de no saber extrañar, no saber amar…
Si al fin de cuentas, cuando retorne, seguro nos dirá ¡cómo te extrañé! |