La mesa está servida
Efraín está por salir de su trabajo por un par de horas cuando recibe una llamada
en su interno, le avisan que en la villa hay disturbios que impiden el ingreso de los camiones que llevan los ansiados caños para terminar la obra. Los vecinos han formado una comisión reclamando por la gratuidad del servicio para ellos también, quieren recibir el mismo trato que los villeros, por eso han hecho el piquete.
El que llama le reclama su intervención para frenar el conflicto y lograr que los camiones descarguen, el tiempo apremia le dice.
Decide entonces ir a la villa, en el largo viaje al sur acaricia su sueño, ofrendar una mesa bien regada de agua potable y ética como alimento sustancial para todos.
Al llegar a la villa, observa la calle de tierra, frontera entre el barrio y la villa, entre la legalidad de los propietarios de las casas y la ilegalidad de los villeros usurpadores, eso dicen algunos carteles de los vecinos que, armados en piquete, impiden el paso de los caños de agua, una frontera ficticia que separa y enfrenta a pobres y más pobres, un auténtico logro del sistema. Otros carteles denuncian que el intendente privilegia a los villeros otorgándoles agua gratuita, en desmedro de los otros vecinos que deberán pagar el servicio. Dejan en claro que el conflicto ha sido avivado por terceros que desean llevar agua a su beneficio político sin importarles el ruinoso costo social de su maniobra.
Efraín decide encarar a ambos bandos, legales e ilegales, los convoca a gritos encaramado sobre una camioneta desvencijada que utiliza como palco.
Muchos se acercan mientras alguna piedra vuela intentando bajar al que suponen representante del intendente, arrecian los insultos contra villeros y Efraín. Efraín responde con palabras duras gritando como en su juventud, la turba se silencia sorprendida por ese energúmeno que los enfrenta. Habiendo conseguido una tregua de silencio, él se sienta sobre el techo podrido que lo aguanta, sentado comienza a hablar en tono más calmo, intenta persuadir. Sus primeras palabras se dirigen a los exaltados vecinos, les pregunta si consideran que el hambre es legal, si la enfermedad y la muerte por carecer de asistencia médica es también legal, les propone que comparen la edad promedio de los villeros con la propia. El sabe que ese simple cálculo arrojará un resultado sorprendente, porque entre los 523 villeros sólo 30 superan los 65 años, hay pocos ancianos, suelen fallecer antes…
Con esa introducción ha golpeado fuerte la hipótesis de legalidad, su puño resultó un arma ética. Como un púgil experimentado ha golpeado la línea baja del oponente, le ha quitado piernas y aire, pero no basta, aún hay resistencia expresada en gritos de desaprobación por el costo del agua.
Ahí es cuando Efraín advierte que el combate no es limpio y ético, está sucio de intereses, recuerda un viejo axioma aprehendido en el café de su mocedad, si te pelean feo, “peliá” feo. Les pregunta entonces ¿por qué se quejan de pagar el servicio..? ustedes no sacaron bien las cuentas, hace años que vienen pagando por el agua que usan, sucede que no se lo pagan a la empresa de agua, lo pagan a la empresa de energía, porque cada vez que conectan su bomba para extraer el agua de la perforación que ha pagado cada uno de ustedes, están consumiendo energía eléctrica, mucho más cara que el agua. Ahora van a pagar el agua potable, un producto mucho más confiable que el que hoy consumen. ¡Ahorran dinero y salud! ¡Y el trabajo del zanjeo fue hecho por los ilegales, mientras los legales miraban sin ayudarlos!
Ahí cesa la lucha, los vecinos se miran sorprendidos mientras los villeros aplauden al vencedor. Todo se calm, el piquete se desarma y los camiones pasan, los villeros comeinzan a descargar los caños, algunos vecinos se acercan para colaborar y el resto se retira, mirando para atrás con recelo…
Efraín baja de su tribuna y busca alguien entre la gente de la villa, cuando la divisa corre hacia ella y la levanta en sus brazos, la besa y recoge el beso de Adelita, su mejor trofeo.
Más tarde, en el viaje de retorno al trabajo, Efraín analiza los pormenores de lo sucedido. Sabe que se ha traicionado, el quería ofrecer una mesa con agua y ética,
Pero se tiene que conformar con agua e intereses comunes, apelar al factor económico para provocar el Knock Out, esa dichosa economía tan contraria a cualquier cuestión ética.
En definitiva, sabe que ganó una batalla, pero la guerra la continúa perdiendo… |