Globos en patines
Los patines dibujan surcos de locura en las calles del pueblo, el hombre diseña cada surco siguiendo el ritmo de la música que recuerde en ese momento, patina gastados pentagramas, respira corcheas y fusas, todo está en su mente, él vive demente.
Vistiendo ropa liviana y arrugada, trajina incansable todos los senderos conocidos y transitados por tantos antes que él, pretende inaugurarlos como si, a su paso, cada sendero renaciera deslumbrando al mundo. Definitivamente loco.
Lleva su guitarra sobre encorvada espalda, colgada de hombro y cuello, con una mano arrastra por el suelo una gran bolsa negra, parece muy pesada, tanto que inclina ese lado del torso hacia atrás, reclamos del pasado. En la otra mano empuña un ramillete de globos, multicolor y aéreo, lo llama a volar pero sólo consigue mantenerlo enhiesto. Así patina ese ser entre tanto incrédulo, canturreándoles canciones que nadie quiere oír, todos tienen algo más importante que hacer que escuchar a un loco patinador que vende globos que no sirven para nada. Pero él continúa imperturbable, con ese afán que sólo locos y amantes profesan, el afán por amar, por cantar, por soltar globos buscando cielos perdidos.
Fabricó globos desde muy joven, desde el primer amor, desde que vió la primera sangre derramada por los opresores, los primeros niños con hambre y sin escuela.
Fue entonces cuando decidió ser loco para siempre, no enloqueció por sinrazones, fue razonable su locura, sus deseos de globos, de patinar por la vida arriesgando siempre ese equilibrio que los cuerdos atesoran como símbolo de su supremacía.
Por eso fabricó sueños, sueños de puentes, de vinos, de amores imposibles, de amaneceres con su amada frente al mar, rojos ponientes y oscuras noches encendidas de besos. Sueños de revoluciones, de pueblos orgullosos con el destino en sus manos, de libros sabios y poemas ardientes, sueños de justicia y pan para todos. Miles de sueños, nuevos, repetidos, multiplicados, locos, fabulosa locura aquella que deja soñar.
Por eso el loco frena su patinar cuando se cruza con jóvenes, los llama cantando entonces las canciones de los jóvenes, toca su guitarra para ellos y juntos cantan a la locura de la juventud, al desenfreno. Después cambia algunos globos con ellos, ellos guardarán viejos sueños, y él se nutrirá de sueños que no sabría inventar. Después prosigue su patinaje, más liviano y enérgico, una flor en cada oreja y un tatuaje en la frente…
A veces, la inoportuna muerte quiso sacarle los patines, comerse los globos, pero la gambeteó, le gritó su desprecio a la sangrienta desdentada, y le mostró su bolsa
con una advertencia, seré tuyo cuando la llene, cuando haya dado todos mis globos y me saque los patines, yo decido el momento…cosas de locos, que también la muerte es una loca que no sabe patinar…
El loco es loco, pero también es hombre, por eso se detiene cuando ve una mujer
arrinconada por sus miedos, presa en una cárcel de negras paredes y sin ventanas. Entonces él frena sus patines, saluda y le canta alguna canción sentimental, se sienta a su lado y le pide que le cuente que es eso tan pesado que no la deja vivir, la tienta con sus globos, le cuenta que sueño late en cada uno, le ofrece todos los que ella quiera, se los cambia por sus miedos. Si ella acepta, el recoge los oscuros y los mete en la bolsa, encierra los miedos junto a tantos otros miedos e injusticias que ha ido recogiendo mientras patinaba, por eso pesa tanto la bolsa, por esos…
Hoy sigue patinando el orate, ha decidido que debe entregar todos los globos que le quedan en un día de sol, hoy es un hermoso día de sol. Al asomar el primer reflejo de la luna, su mano libre de globos desatará los patines, se los dará al primer niño que pase, junto con su guitarra y el tatuaje, después…
Después el loco, tan cansado el loco, sin prisa el loco, se recostará al pié de un árbol viejo y frondoso, depositará ambas flores de las orejas sobre el pasto, sacará sus últimos miedos y los pondrá en la bolsa, luego la cerrará y pondrá su cabeza sobre ella. Antes de dormirse y llamar a la desdentada loca a su lado, para que lo lleve junto con su bolsa, decide recuperar la cordura, no desea regalarle su locura a la parca…mañana, el aire del amanecer será más puro, buen día para patinar…y para globos. Se puede, se debe…. |