13-11-2010
Siga el baile, siga el baile...
Una amiga, toda espejada y luminosa ella, me envió un mensaje hoy, me contaba su agradecimiento porque le elogié un poema, después se refería a cuanto le costó elaborar ese soneto, ahí supe que era un soneto lo que me había gustado tanto. Le respondí confesando mi ignorancia de las formas poéticas, ella contestó con una clara explicación sobre como es un soneto. Después pasó la tarde y olvidé esa charla virtual, es que se trata de una amiga virtual, claro, una imagen trás un espejo es una imagen virtual, por lo menos eso recuerdo de öptica.
Pero ahora, en esta hora incierta que se extiende desde el final de la cena hasta el último cigarrillo que me queda con el que trato de no quemar las sábanas, recordé esa charla, algo me había quedado como una señal en esa charla, señal de que debía pensar en eso, que me tocaba muy de cerca. Ahora podía precisar y decodificar esa señal, era una pregunta ¿cuánto me cuesta escribir algo?
Primero intenté responderla desde lo cuantitativo, a ver…un poema de sesenta y ocho versos…me cuesta cuatro cigarrillos, un cuento en tercera persona…más o menos lo mismo…, pero si es en primera persona, ay de mí, eso insume medio atado casi siempre. Es que cuando escribo en primera es porque algo me achicharra el seso, entonces el primer borrador tiene más adjetivos que un relator deportivo, debo comenzar a eliminarlos, pero al eliminar alguno, debo eliminar la frase entera, y vuelta a empezar. Y eso que miren, soy malo como autocrítico, pero tengo lo mío.
Después ese tipo de análisis me pareció despreciable, indigno de un tipo “sensible”, como mi amiga, la reflectante, dice que soy. Fue cuando me dije, un texto, su costo, debe quedar expresado en valores más trascendentes que minutos o cigarrillos fumados. Por ejemplo, en sufrimiento. Es tentadora la idea, tiene “jugo literario”, pero hay un problema, la vida no es sólo sufrir, a veces disfruto cuando escribo y las palabras van surgiendo como de un manantial. Pero cuando sufro, cuando sufro hay ocasiones en que para obtener una palabrita de cuatro letras tengo que usar pico y pala hasta encontrar ese hilito de agua salada que brota de la tierra como con lástima…eso sí que es costoso .
Pero hay otro aspecto que todavía no exploré en la pregunta inicial, porque una pregunta no es una sola pregunta, apenas si es la primera de una serie que puede hacerse interminable si antes no me vence el sueño. La siguiente pregunta es, si no me cuesta tanto como a otros escribir ¿no será por que soy desaprensivo o facilista? Ven, esa pregunta es más angustiante, ya comienzo a largar más humo, preciso un trago…sepan disculpar, por favor…
…bueno, ahora si, gracias por vuestra paciencia, como les decía, pensar que no soy cuidadoso cuando escribo me genera cierta angustia, más bien culposa, es que rara vez soy cuidadoso para nada, en mis acciones suele mandar el impulso, lo repentino, no soy de medir mucho las consecuencias, para que engañarlos, si mientras leen esto se están dando cuenta que clase de desgraciado soy. Ustedes preguntarán ahora ¿entonces de que angustia culposa hablás? Es que desde chiquito me enseñaron que si algo no genera culpa, mejor no lo hagas ni lo consumas, es que me crié en un barrio pecaminoso, eso pasó. El barrio era pobre en dinero pero opulento en pecados.
Y ahora que lo pienso, no sólo son desaprensivo cuando escribo, también soy soberbio, nunca acudo al diccionario. Para mí sería como leer la Biblia o el Corán…al fin de cuentas, que tanta regla y mandamiento si igual voy a terminar en el pozo, al diablo con las verdades reveladas y las citas ejemplares.
Pero me estoy alejando de la cuestión de fondo, cuanto me cuesta y como soy cuando escribo, perdón…otro traguito, gracias
Por ejemplo, si escribo un poema de amor correspondido me cuesta mucho más que cuando escribo un poema inspirado en un amor que se niega, si, comprendo, ustedes piensan que soy un desagradecido y un rencoroso. Miren, si van a seguir con tanto cuestionamiento escriban un tratado de Ética, no les cuento más.
Porque pensándolo bien, uno pone todo su esfuerzo al escribir pensando en ustedes, los lectores, y a ustedes no les importa si al escritor le costó mucho o poco escribir lo que leen, es más, tampoco les importa el autor en sí mismo, lo único que buscan es una excusa para pasar el tiempo, realmente, ustedes tampoco pueden estar orgullosos de tener propósitos tan mediocres. Entonces, no critiquen tanto, che, acepten lo que los escritores ofrecemos como si fuera el más legítimo acto de amor, pura nobleza de nuestra parte. Si todo lo que ofrecemos es una ilusión, hasta las preguntas que nos hacemos son irreales.
Vieron que desprolijo soy para finalizar un texto, mi amiga espejada difícilmente lo elogie, pero, así es la vida, hasta la próxima…
...al compás del tamboril...
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