Puente solitario
La tarde pintaba en el lienzo su bermellón crepuscular ardido de fuegos, tras un
horizonte todo fulgor y presagio, el sol se retira del Puente Pexoa envuelto en
aroma de mil jazmines, mariposas en vuelo como guirnaldas libradas al viento.
El trovador, envuelto en sombras de jacarandá, levanta en su canto ofrendas de amor, pero la suerte, mujer esquiva, no lo escucha, los ojos soñados no lo quieren mirar y el canto se eleva clamando un tiempo soñado de amores.
El eco anida en el ceibal sus reverberos, son los pájaros de la loca pena del que ama y no es amado, larga espera consumida en canciones.
Se cubre de penumbras la arboleda a la hora grave del responso, titilan con desdén las luces de la noche, lamparitas de plata y extravío, el rostro menguante de la luna se burla del dolor del solitario y éste palpita su retirada, sin un beso, los ojos vacíos de miradas y las manos pobladas de ausencia, lo aguarda el gris paisaje de la soledad y el momento de aferrar la íntima médula de la esperanza y dejar que las dulces notas del silencio amparen el amor que cantó bajo el puente de su ensueño. Antes de partir, jura volver a buscarla, el puente promete esperarlos…. |