La opresión en el pecho no cesa, es una molestia sorda y contínua, como si algo dentro de él pugnara por emerger. Eso lo tiene preocupado desde ayer, cuando tuvo las primeras señales después de caminar en la tarde calurosa. Ahora, acostado en el fresco ambiente de su pieza climatizada, intenta olvidar el dolor pensando en los días por venir, en lo que se puede hacer aún con un dolor en el pecho.
Los días por venir, esa aventura que se puede iniciar hoy mismo, si está viendo tan clarita la encrucijada, si puede oler los secretos que ofrece cada sendero que se abre a sus pies cansados. Sabe que no se trata de coser y cantar, sabe que es cuestión de caminar, oler, oír, mirar, edificar obras bien cimentadas, pintar arabescos en cada pared levantada, remover escombros; cuantos escombros por quitar, cuanta injusticia por borrar de la faz de este mundo.
Y después si, después cantar, siempre cantar todos los amores que amanezcan en el sendero elegido, que lo infinito perciba en el canto la pasión del hombre y su circunstancia. Que el infinito sienta que no es ajeno a la circunstancia de cada partícula que lo compone; tomar conciencia de uno mismo en el canto, en la melodía escrita en nubecillas que decoran el celeste profundo, o en las negras nubes que anuncian el llanto del cielo. Que el ritmo sea el de los pasos del caminante que construye, y la armonía sea engendrada por el rumor de un arrollo y el trino de algún pájaro que lo ve correr. Que el canto horade la trampa del tiempo y su madeja. Cantar hasta que el pecho duela de amor.
Pocos días antes, alguien muy querido le dijo que ya tenía su vida hecha. A él, precisamente a él se lo dijo, entonces sintió algo más que un dolor en el pecho, sintió que le negaban el camino, que no lo querían ver avanzando, que lo querían ver tan congelado como un recuerdo.
Y se niega a ser recuerdo, todavía no es el tiempo, aunque hoy le duela el pecho y mañana también. Porque la vida termina en el preciso momento en que termina, nunca antes; porque la vida es una permanente construcción de lo posible y al finalizar, otros tomarán la posta para encarar desafiantes lo que era imposible para el que ya partió.
Y en estos pensamientos consumió las horas, hilando tramas a medida que va caminando por la senda elegida, ya irrenunciable; en ella construirá, entre otras cosas, su destino.
Es que hay tanto por aprehender todavía, tanta obra interrumpida por acabar, tanto por dar y recibir, tantas estrellas por descubrir que ¿a quien le importa un dolor en el pecho? No es excusa, no es tiempo de excusas, es tiempo de levantarse, de vivir y cantar y mañana es hoy. |