Fervor de nietos
Abre tus ojos bien grandes,
que el día que tanto ansiabas
te despierta en alboroto;
mueve tus piernas del lecho
¿no escuchas temblar el piso?
Hay un sismo, hoy, en tu casa,
que derrumba la nostalgia
y te tira de la cama, arrebatando tus mantas.
Mira tus muros pintados, arcoiris por doquier;
tus plantas, que ayer marchitaban, hoy,
florecidas de asombros, y ese
verdor de lo nuevo que te dice,
¡en otoño, también hay primavera!
Hoy ahueca las penas, que los rezongos no cuadran;
dilata bien tus narices, huele leche perfumada,
manantiales de alegría por los cuartos se derraman,
y al bajar las escaleras
sientes deditos que atrapan,
y entre fervores y gritos, entre pedidos y lágrimas,
en el eco de las risas,
tu alma renace y canta.
¿Qué esperas, por qué no mueves,
tus huesos, tu pobre estampa?
¿Qué están tiesas tus piernas?
¿Qué las manos no te alcanzan?
¡Despierta hombre, despierta!
que te encienden las sonrisas
esos críos que te arrasan
cuando esconden sus manitos
en tu arrugada manaza.
Que cara de tonto tienes
no comprendes lo que ocurre;
pues, debes saber entonces, que
desde hoy, y para siempre
¡hay dos nietos en tu casa! |