Emerges altiva, hija del mar
parida en cataclismo;
le robas caricias al sol cuando nace
y te ríes del llanto de luna en menguante.
Es de musgo tu cabellera, peinada
por vientos con dolor de costa perdida
y perfume de hembra solitaria.
Damaroca, piedra con sexo de cristal.
Aparece frente a ti
el dueño del salto prodigioso;
pronto inicia el cortejo y la conquista,
sumergido, besando las caracolas
que enjoyan tus plantas
allá, en el oscuro lecho marino.
Tan profundo es su deseo
como aleve es tu virtud.
Grácil seductor,
te adora con palabras tiernas
que queman ardores,
verbos de amor salado
te circundan y engarzan;
intentas firme resistir,
pero amorosas piruetas
horadan el cuarzo esencial.
Delfín cabrío, te rodea en brincos,
regalando guirnaldas estrelladas,
poniéndote corona de algas
en la cimera del yelmo;
él reclama y tú resistes, vanidosa.
Ignoras que está muriendo desnudo,
su denuedo lo vacía ¿Para qué?
tu boca ausente de besos
seguirá demorando la sonrisa.
Después, cuando la noche espantada
te niegue la luna, y lamentes
no saber amar,
sentirás su cuerpoamor alejarse
entre las brumas,
danzando el lento funeral.
Brillará tu cetro virgen en palacio,
Señora de las quietas soledades. |