Vieron los noticieros televisivos. El mundo convulsionado hablaba de guerra.
Vieron a sus niños dormir en paz.
Vieron pasar la noche, sin poder dormir
Vieron los primeros rayos de sol entrar en la alcoba.
Vieron las estelas de los misiles manchando el cielo de odio.
Vieron sus propias lágrimas.
No vieron lo que les caía encima. No vieron nada más.
No quedó nada para ver, ni para oler, tocar u oír. Nada para creer, querer o recordar. |