Para ser leído por una madre,
actual o futura
Porque viviste mujer, materia hembra pariendo sueños de infancias.
Porque tus ojos azul jacarandá, supieron llorar ternuras bajo el rebelde flequillo.
Porque te definiste como el sitio donde la muerte florece.
Porque tus manos amasaron el pan bueno de las canciones redentoras.
Porque fuiste tortuga audaz, cantando ecos calchaquíes con Leda, allá en París.
Porque resucitaste cantoras cigarras que tantos mintieron olvidar.
Porque quiero caminar tus huellas y saciar la sed en tu cántaro.
Porque elegiste quedarte aquí, cuando el horror sellaba labios y vidas.
Por todo eso y mucho más te ruego, mi dulce María Elena:
déjame cantar contigo tu serenata, a mí,
tan frágil y chiquita yo, tan genuina e intensa yo,
una más entre los todos de esta tierra de cada uno.
Porqué quiero seguirte, seguirte, seguirte;
por vos, por mis hijos, por nosotros, los desobedientes debidos del país jardín de infantes. |