Tal vez, camine sin rumbo;
serena, la tarde me envuelva en colores
que no pueda mirar, de tan ausente.
Porque la ausencia sea el ánimo.
Tal vez, camine despacio;
ligero, el viento que quiera empujarme
se estrelle en mi espalda y frene su impulso.
Porque el impulso no me perciba.
Tal vez sea poeta,
despacioso y perdido vate,
imperceptible, transitando senderos y palabras,
buscando destino a los versos, ya que no el suyo.
Quizás el destino sea juego de fraude
y los pasos que persigan el juego
se pierdan en tardes serenas
de vientos ligeros, de ausencias.
Entonces, sólo entonces,
tal vez pise tu huerto,
con sigilo, amordazando pisadas,
huelle tus verdores y arranque tus frutos.
Y tal vez te ame,
como ama aquel que una luz vislumbra;
y no me amarás, aunque desees besarme,
porque quizás, besar lo imperceptible
sea creer en el destino,
y el destino no nos pertenezca. |