Conversando con la luna
Buscando en las piedras
coplitas para cantarte,
la tarde murió en mis manos,
calladita, sin alardes.
Y la luna se acercó,
contando ausencias y sombras.
Con mil rayitos de plata,
me lavó el cuero y las penas,
diciendo que ya no estabas,
que mejor lejos que ajena.
Y de tanto preguntarle,
una estrella pidió recato.
La luna, mujer que era,
conversa de noche, bajito,
pero yo, de desbocado,
no sé frenarme los gritos.
Cuando gana el desespero
la prudencia no me asiste.
La estrellita, tan curiosa,
quiso saber de tu nombre,
Selene le respondió:
esas son cosas del hombre.
El hombre llamó a silencio,
el silencio buscó tu rostro,
pero no pudo encontrarlo.
La luna cerró su manto
y solitos se quedaron,
el silencio con su hombre,
dos penas que no te nombran,
dos sombras que no te olvidan. |