Blanco de mente
Vestir de blanco la mente,
de silencios el clamor de las campanas.
Mirar bien adentro, adonde moran
el relámpago, el río y la sombra.
Quebrando el espacio un color,
tu desnuda espalda me desnuda;
oler el olor quemante de la rosa,
límite claro de tu piel;
extender la mano buscando en la tuya
el refugio.
Ahogar cansancios y dudas
en el vino fresco de tus besos;
perseguir la vida en la curva arisca
del monte y tu vientre.
Vestir de blanco la mente,
cuando las campanas doblan silencios,
es creer que, más allá del olvido y la distancia,
alguna vez me quisiste. |